Sara paseaba la mirada con horror por el dantesco espectaculo que era ahora el poblado, sus antiguos compañeros y algunos aldeanos asaltaban casas y tiendas de campaña por igual, a mano desnuda, aguantando golpes y disparos que habrían "dejado en el sitio" a cualquiera.
Aquello parecía una imagen sacada de la divina comedia, algun circulo del infierno se había desatado en aquella zona y nadie sabía que hacer. Sara estaba bloqueada, apenas oía los gritos frenéticos de sus dos compañeros que ahora la arrastraban tras unos cajones de medicinas donde se atrincheraron defendiendose a rafagas de fusil de los embates de aquellas "cosas".
- sara cojones di algo... - oía a su compañero como si estuviera a miles de años luz, como si todo pasara muy lento, no se sentía con fuerzas, no sabía que hacer. Los dos soldados la dejaron allí y salieron intentando llegar a la tienda medica pero Sara pudo ver como esos monstruos se abalanzaban sobre ellos y entonces al ver como mordian a sus compañeros ella oyó un grito lejano, un grito de dolor y ansia de venganza y de pronto, para su sorpresa se dió cuenta que era ella quien gritaba.
La adrenalina de pronto la recorrió de arriba a abajo como si la hubieran conectado a un poste de alta tensión. Saltando para ponerse en pie rapidamente cambió el modo del fusil que llevaba para que disparara las balas de 1 en 1, ya había parado los pies a una de esas cosas y lo hizo con un solo tiro de todos los que gastó así que esta vez no quería gastar de más.
Avanzó por el poblado hacia la tienda medica, tres antiguos nativos le salieron al paso corriendo como locos hacia ella, pero sin embargo ella sintió que le sobraba el tiempo y tras tumbar a los dos primeros antes de que se le acercaran giró el arma para golpear con la culata el rostro del tercero que perdió el equilibrió quedando a sus pies, momento que ella aprovechó para descerrajarle un ultimo tiro en la nuca que hizo que dejara de pelear por recuperar la postura herguida.
Así avanzó lentamente por el poblado, a cada paso mas de esas cosas se acercaban a ella, algunos parecía que hubieran llegado al pueblo mientras estaban fuera y quien sabe, quizá había sido así, pero a ella le daba igual, avanzaba hacia sus compañeros, hacia su amigos, hacia sus hermanos de los cascos azules, eso era lo que importaba. Su arma descargaba detonaciones que precedían a un unico proyectil que volaba con letal precision hacia su objetivo en la frente de sus enemigos.
Finalmente pudo recoger a sus compañeros y llevarlos a la tienda medica donde vieron los restos de otro soldado, solo por asegurarse Sara le descargó un balazo en la sien. Allí tenían algo que necesitaban para salir de allí cuanto antes, la radio de emergencia. Pronto se comunicaron con el centro de mando y en unas horas de resistencia ante la extraña y cada vez mayor marea de locos canibales un helicoptero empezó a acercarse. Un ultimo esfuerzo de puntería para todos, avanzaron hasta la escala que les tendía el copiloto y empezaron el ascenso. Un ascenso a la libertad, a casa, lejos del infierno.
El ultimo de los soldados se colocó el pantalón al sentarse, nadie lo vió pero una de esas cosas le habia dado un par de dentelladas en la espinilla mientras forcejeaba por quitarsela de encima para subir a la escalerilla... Al fin estaban a salvo ¿o no?
lunes, 8 de junio de 2009
viernes, 5 de junio de 2009
B-005, Horror en vivo, vuelta al campamento
Los tres soldados corrían todo lo que el estrecho camino les permitía, debían llegar cuanto antes al campamento y enterarse de que demonios pasaba allí, quién o qué había prendido fuego en la aldea y lo más importante donde estaba el otro soldado que iva con ellos, el que ante la demoníaca y pavorosa presencia del ser salió por piernas olvidando su voto de honor hacia las naciones libres del mundo.
Las botas y el equipo parecían más pesadas que nunca y las armas cruzadas al pecho mediante unas cinchas parecían hechas de plomo, los pulmones les ardían tanto por el humo inhalado en la cueva como por la locura que impulsaba con fuerza a sus piernas para no dejar de correr y ahora que sus pulmones no recibían suficiente oxigeno todo parecía mas largo, mas dificil, mas cansado de lograr.
Al final del estrecho camino del cañón llegaban finalmente a la aldea para encontrarse con una escena dantesca. Algunos "hombres", o al menos hombres es lo que aparentaba su aspecto, parecían haber enloquecido hasta el punto de atacarse entre ellos y la mayor parte del poblado había pagado las consecuencias, al ser todo paja y hojarasca el poblado ardía en un infierno anaranjado mientras de la tienda de campaña del pelotón medico salían gritos desgarradores y las lonas de plastico trasparente que hacían d eventanas estaban salpicadas de sangre por todas partes.
- Pero... ¿Qué demonios está pasando aquí? - Se preguntaba sonia en voz alta mientras sus compañeros avanzaban junto a ella, tras haber puesto pie en el pueblo los tres habían enarbolado el rifle pues habían visto que cerca de un foco de llamas del centro del pueblo uno de los locales estaba arrancando trozos de carne de lo que parecían los restos del traductor... - ¿Qué locura es esta? es que aquí todo el mundo pierde la chaveta... - Alzó su rifle hacia el agresor - Por favor buen hombre, se que no entenderá mi idioma bien pero ponga las manos en alto y arrodillese en el suelo y nadie saldrá mal parado... - Dijo Sonia apretando el arma en sus manos buscando en ella la confianza que empezaba a perder.
El negro se hirguió demostrando una altura increible incluso para una raza de humano que suelen ser altos por genética y al abrir la boca no fueron palabras lo que dejó salir solo un largo y gutural aullido infernal que retumbó en los oidos de los tres soldados y que como respuesta por el pueblo varios aullidos más llegarón como ecos entre las llamas y varias cabezas de miradas perdidas como la del negro gigante aparecieron entre los restos del pueblo y de la tienda medica.
Muchas de las caras eran conocidas de los tres soldados y ninguno sabía que hacer, estaban muertos? en trance? habían enloquecido hasta el punto de canibalizar a la gente?...
Si el infierno existe, pensó Sara, acababan de llegar a él y no parecía que hubiera una salida fácil
Las botas y el equipo parecían más pesadas que nunca y las armas cruzadas al pecho mediante unas cinchas parecían hechas de plomo, los pulmones les ardían tanto por el humo inhalado en la cueva como por la locura que impulsaba con fuerza a sus piernas para no dejar de correr y ahora que sus pulmones no recibían suficiente oxigeno todo parecía mas largo, mas dificil, mas cansado de lograr.
Al final del estrecho camino del cañón llegaban finalmente a la aldea para encontrarse con una escena dantesca. Algunos "hombres", o al menos hombres es lo que aparentaba su aspecto, parecían haber enloquecido hasta el punto de atacarse entre ellos y la mayor parte del poblado había pagado las consecuencias, al ser todo paja y hojarasca el poblado ardía en un infierno anaranjado mientras de la tienda de campaña del pelotón medico salían gritos desgarradores y las lonas de plastico trasparente que hacían d eventanas estaban salpicadas de sangre por todas partes.
- Pero... ¿Qué demonios está pasando aquí? - Se preguntaba sonia en voz alta mientras sus compañeros avanzaban junto a ella, tras haber puesto pie en el pueblo los tres habían enarbolado el rifle pues habían visto que cerca de un foco de llamas del centro del pueblo uno de los locales estaba arrancando trozos de carne de lo que parecían los restos del traductor... - ¿Qué locura es esta? es que aquí todo el mundo pierde la chaveta... - Alzó su rifle hacia el agresor - Por favor buen hombre, se que no entenderá mi idioma bien pero ponga las manos en alto y arrodillese en el suelo y nadie saldrá mal parado... - Dijo Sonia apretando el arma en sus manos buscando en ella la confianza que empezaba a perder.
El negro se hirguió demostrando una altura increible incluso para una raza de humano que suelen ser altos por genética y al abrir la boca no fueron palabras lo que dejó salir solo un largo y gutural aullido infernal que retumbó en los oidos de los tres soldados y que como respuesta por el pueblo varios aullidos más llegarón como ecos entre las llamas y varias cabezas de miradas perdidas como la del negro gigante aparecieron entre los restos del pueblo y de la tienda medica.
Muchas de las caras eran conocidas de los tres soldados y ninguno sabía que hacer, estaban muertos? en trance? habían enloquecido hasta el punto de canibalizar a la gente?...
Si el infierno existe, pensó Sara, acababan de llegar a él y no parecía que hubiera una salida fácil
miércoles, 3 de junio de 2009
B-004, Horror en Vivo (2)
El arma del soldado de los cascos azules disparo una tormenta de fuego y plomo sobre su objetivo ya tambaleante antes de recibir semejante descarga. Finalmente tras unos segundos de fuego y trueno el "cliksclikscliks" del percutor del arma impactanto en vacío sacó de su mortífero trance al soldado y con él a Sara que al ver como la cosa alzaba de nuevo sus manos hacia ella al fín sintió las fuerzas volver a ella y con un giro del arma en sus expertas manos le dió un culatado en el lateral de la cara logrando que la cosa retrocediera algunos pasos, distancia suficiente para que la mente de la mujer soldado ya trabajando al ritmo habitual decidiera la mejor forma de actuar.
¡Blam!
En el repentino silencio posterior al trueno los ojos de los dos soldados que quedaban con ella se quedaron perplejos ante la sorpresa o quizá alivió que de pronto mostraba la totalmente desfigurada expresión de aquella cosa cuando la bala, la única bala disparada por Sara justo en el momento en que aquella cosa recuperada del impacto de la culata se había vuelto a girar hacia ella, entró en el craneo del ser justo entre los ojos haciendo que la parte trasera del mismo estallara rociando con una fina lluvia de sangre, hueso y restos de sesos la parte mas alejada del camino de cabras.
Cuando finalmente vieron que aquello ya había decidido quedarse muerto y se decidían a volver hacia el pueblo fue cuando se fijaron, ya no sólo se alzaba la columna de humo de la cueva, ahora el poblado tambien tenía su propia columna de humo...
¡Blam!
En el repentino silencio posterior al trueno los ojos de los dos soldados que quedaban con ella se quedaron perplejos ante la sorpresa o quizá alivió que de pronto mostraba la totalmente desfigurada expresión de aquella cosa cuando la bala, la única bala disparada por Sara justo en el momento en que aquella cosa recuperada del impacto de la culata se había vuelto a girar hacia ella, entró en el craneo del ser justo entre los ojos haciendo que la parte trasera del mismo estallara rociando con una fina lluvia de sangre, hueso y restos de sesos la parte mas alejada del camino de cabras.
Cuando finalmente vieron que aquello ya había decidido quedarse muerto y se decidían a volver hacia el pueblo fue cuando se fijaron, ya no sólo se alzaba la columna de humo de la cueva, ahora el poblado tambien tenía su propia columna de humo...
lunes, 1 de junio de 2009
B-003, Horror en vivo
El humo creciente proveniente cañón adentro tenía a los soldados de los cascos azules bastante alterados, se habían dividido en dos equipos, uno compuesto de 3 hombres y una mujer caminaba lentamente por el estrecho desfiladero hacia una protuberancia sobre el cañón que alojaba en sus paredes una cueva, el origen del humo y los ruidos extraños.
El resto de personal, incluido la mayor parte de los medicos trabajaban frenéticamente en la tienda. Un hombre de mediana edad, de piel caoba con media cara cubierta de terribles quemaduras de segundo y tercer grado y con el hombro desgarrado hasta mostrar varios huesos yacía en la camilla envuelto en sudores fríos mientras se estremecía gritando cosas ininteligibles incluso para el traductor que habían llevado con ellos. Sus ojos estaban perdidos en el vacío de una extraña psicosis que le hacía retorcerse mas violentamente que el dolor que debía estar sintiendo por sus heridas.
A pesar de los tremendos esfuerzos de cinco medicos especializados pronto el hombre expiró dejando en sus ultimos suspiros varias palabras que el traductor supo transferir a los cascos azules. "Demonios Canibales". Nadie entendía que querría decir, pero desde luego la herida del hombro presentaba desgarros y cortes que buenamente podrían haber sido hechos por mordiscos.
Mientras tanto no muy lejos de allí entre el rugir de la humeante cueva cuatro soldados se preparaban para cualquier cosa, la mujer se ajustó mejor el casco y tragó saliva siendo la primera en asomarse en la abertura de la cueva, los demás, claramente incomodos por la situacion ya que ella parecía ser la lider del grupo esperaban ordenes.
- Quietos, silencio... - Dijo la mujer avanzando hacia el interior - El humo es muy denso y apenas deja ver nada, hay dos cadaveres totalmente calcinados en la boca de la cueva, no podremos entrar sin equipos antigas, tenemos que volvernos atras chicos - Se giró hacia sus tres soldados y los miró sorprendida ellos miraban hacia ella como quien hubiera visto un espectro - eh! que os pasa? - Dijo mientras uno arrojaba su arma al suelo y corría hacia el poblado y los otros dos señalaban tras ella, cuando atino a girarse su cerebro quería negarse a creer lo que sus ojos veían.
Ante ella se alzaba lo que se podría definir como los restos de un hombre alto, los restos porque aparte de la total carencia de piel, tambien le faltaba bastante tejido en general, uno de sus muslos dejaba al descubierto el hueso y la cadera asomaba por un lado, sus mandibulas descarnadas se habian petrificado en una macabra sonrisa mortal
- Sara joder muevete! no tengo visual! apartate ostias! - Gritó uno de los soldados a la mujer - Sara ostias! que te apartes!! - El segundo hombre viendo que su lider y compañera se había quedado paralizada y que aquella cosa no tenía pinta de querer invitarla a un baile precisamente, sonriendo por un segundo ante la idiotez que se le acababa de pasar por la mente, cargó contra la joven tirandola al suelo momento en que el rifle del primer soldado retumbó por el cañón descargando una larga rafaga de balas que impactando en el torso y los brazos de la cosa los destrozaron aun mas... Pero no hubo mas efecto en él, seguía en pie, seguía avanzando. Aquello era imposible, no podía ser verdad, pero ante ellos se alzaba un muerto que caminaba incesante, implacable.
El resto de personal, incluido la mayor parte de los medicos trabajaban frenéticamente en la tienda. Un hombre de mediana edad, de piel caoba con media cara cubierta de terribles quemaduras de segundo y tercer grado y con el hombro desgarrado hasta mostrar varios huesos yacía en la camilla envuelto en sudores fríos mientras se estremecía gritando cosas ininteligibles incluso para el traductor que habían llevado con ellos. Sus ojos estaban perdidos en el vacío de una extraña psicosis que le hacía retorcerse mas violentamente que el dolor que debía estar sintiendo por sus heridas.
A pesar de los tremendos esfuerzos de cinco medicos especializados pronto el hombre expiró dejando en sus ultimos suspiros varias palabras que el traductor supo transferir a los cascos azules. "Demonios Canibales". Nadie entendía que querría decir, pero desde luego la herida del hombro presentaba desgarros y cortes que buenamente podrían haber sido hechos por mordiscos.
Mientras tanto no muy lejos de allí entre el rugir de la humeante cueva cuatro soldados se preparaban para cualquier cosa, la mujer se ajustó mejor el casco y tragó saliva siendo la primera en asomarse en la abertura de la cueva, los demás, claramente incomodos por la situacion ya que ella parecía ser la lider del grupo esperaban ordenes.
- Quietos, silencio... - Dijo la mujer avanzando hacia el interior - El humo es muy denso y apenas deja ver nada, hay dos cadaveres totalmente calcinados en la boca de la cueva, no podremos entrar sin equipos antigas, tenemos que volvernos atras chicos - Se giró hacia sus tres soldados y los miró sorprendida ellos miraban hacia ella como quien hubiera visto un espectro - eh! que os pasa? - Dijo mientras uno arrojaba su arma al suelo y corría hacia el poblado y los otros dos señalaban tras ella, cuando atino a girarse su cerebro quería negarse a creer lo que sus ojos veían.
Ante ella se alzaba lo que se podría definir como los restos de un hombre alto, los restos porque aparte de la total carencia de piel, tambien le faltaba bastante tejido en general, uno de sus muslos dejaba al descubierto el hueso y la cadera asomaba por un lado, sus mandibulas descarnadas se habian petrificado en una macabra sonrisa mortal
- Sara joder muevete! no tengo visual! apartate ostias! - Gritó uno de los soldados a la mujer - Sara ostias! que te apartes!! - El segundo hombre viendo que su lider y compañera se había quedado paralizada y que aquella cosa no tenía pinta de querer invitarla a un baile precisamente, sonriendo por un segundo ante la idiotez que se le acababa de pasar por la mente, cargó contra la joven tirandola al suelo momento en que el rifle del primer soldado retumbó por el cañón descargando una larga rafaga de balas que impactando en el torso y los brazos de la cosa los destrozaron aun mas... Pero no hubo mas efecto en él, seguía en pie, seguía avanzando. Aquello era imposible, no podía ser verdad, pero ante ellos se alzaba un muerto que caminaba incesante, implacable.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
